Camino de hombres

Aníbal del Rey

Hoy no quiero escribir ni desarrollar ningún tema. Estoy cansado. Solo quiero contarles un poquito más de mi vida, a ver si así se me olvida un poco tanta canción politiquera.

Mucho tiempo tuve la intención de vivir en familia, conocer al hombre de mi vida, convertirnos en la pareja más solida de la ciudad, generar ingresos juntos, viajar a Azerbaiyán con playeras de arcoíris, ser padres, plantar un árbol y compartir un mismo hogar. Busqué y busqué y hoy estoy soltero.

Cuando tenía unos 18 o 19 años tuve mi primer gran amor, Mauricio. Un romance de juventud y de locos. Cada dos fines de semana viajaba más de medio día en un recorrido que comenzaba en Xalapa y tenía como destino Guadalajara. ¡Qué belleza! Nada nos detenía… O eso suponía. Llegaba sin nalgas pero listo para darlas. Disfrutaba tanto vivir sin responsabilidades o miedos, éramos entregados, niños. No nos importaba nada ni nadie. ¡Vivíamos de amor! Eso no duró mucho, el desamor duró más. Algún tiempo después de que nuestra relación concluyera, él encontró realmente al hombre de su vida; vivieron juntos hasta el día de su muerte. Mauricio partió de este mundo tristemente hace un par de años. Tengo entendido que él y su chico eran bien felices. En paz descanse.

Después de varios años de esta relación apareció Gerardo. ¡Ojo! Les estoy contando las más acá, las que me dolieron por mucho tiempo después. Es que de veras que cómo me encantaba sufrir. Hoy estoy dispuesto a disfrutar y entregar parte de mi corazón, a dar todo pero sin la parte amarga del amor… Yo lo llamo respetar mi corazón. Yo tendría unos 22 años, recién concluía la universidad. El Gerry apareció y nuestra vida fue comer a nuestras horas y a deshoras; no entiendo cómo no se quejaban los vecinos y no me corrieron del departamento. Este vato tuvo que moverse de Xalapa, pero mi corazón se fue con él bastante rato. Hoy nos queremos muchísimo, somos amigos.

Por ahí aparece uno que ni su nombre quiero mencionar, Voldemort le pondremos. Un ir y venir espectacularmente horrible que duró un par de años. La relación más tóxica que he tenido en la vida. Aún estando juntos y “felices” la pasábamos mal… Una vez acabé en el hospital. Lo mejor que esa relación dejó fueron amigos sinceros; tristemente perdí a otros por pretender defender a quien no lo merecía: errores en la vida. Todos la cagamos, solo hay que aprender a limpiarse, y bien. Recuerdo una rolita de Los Tigres del Norte que me encanta: “Decía mi madre, en la cama y en la cárcel si te visitan son amigos de verdad”.

Enlistando este mal de amores recuerdo que tengo 34 años, ya no soy un niño, y me doy cuenta que de veras ¡cómo le he dado vuelo a la hilacha! Van a pensar que soy un facilote. Ayer me dijeron mis amigos Ñoños que soy un wilo, y bueno… creo que tienen toda la razón. He tenido una lista amplia en mis noviazgos -y no noviazgos-. ¡Ey! No soy un pirujo, solo me gusta conocer todo el abanico de oportunidades, saber si puedo ser feliz conmigo mismo y compartirlo con alguien más. Además, ¿quién soy yo para negarle al mundo este hombresote bronceado de 1.77 m, voz entonada cual Luis Miguel, manos fuertes y trabajadoras pero con su respectivo gelish, ceja arqueada, poblada y perfecta, súmenle a eso la sonrisa más hermosa de la ciudad? ¿Quién?

Por Lanfranco también sufrí. ¡Cómo sufrí! Después de él la súper regué, pues luego, luego que terminamos conocí a alguien más a quien no pude entregarle mi corazoncito correctamente. Comencé -creo- a entender que no se vale andar ensuciando a los demás si aún no acabes de limpiarte tú mismo. Una vez sanito y feliz, ya todo es diferente. Mi Pacci, como yo acostumbraba decirle, fue un tipazo que me cuidó de una forma tan fraternal que nuestra relación se volvió más bien como de sangre, tal como un amor padre e hijo. Y yo simplemente lo permití. Comprendí muy tarde que en pareja la onda es 50-50, fue en su momento imposible. Nada nos debemos.

Edgar fue mi talón de Aquiles. ¡Cómo le lloré! Mares cual maremotos arrasando con la poesía convertida en vorágine. Cielos que se descargaron sobre mí y desprendieron lo más profundo de mi alma -cómo me encanta mamasear a veces-. Ahí descubrí con certeza que sí tengo espíritu. Lo amé con profundidad y hasta como enfermedad. No lográbamos separarnos, ni él ni yo. Aún con el dolor o los años. Hoy me alegra tanto que sea feliz y haya comenzado una nueva historia. Siempre, siempre tenemos la posibilidad de volver a elegir e iniciar las veces necesarias. Admiro a quienes renacen, a los que resurgen cual Fénix después de ser abatido por Shaka de Virgo. Y si tienes menos de 30 y no entiendes, “Empezar desde cero” como dice RBD.

“¿Para qué sufrir si no hace falta?” Bien lo dice la Natalia original en una de sus rolitas; me pone todas las ideas claras. No quiero pasarla mal. Acepto lo que venga, pero si puedo decidir estar en paz, lo elegiré mil veces.

Hoy tengo ganas de pasarla chido, de conocer a bandita y echarme uno que otro besito. Hoy quiero disfrutar que tengo menos de 40 y también erecciones firmes (casi siempre). Hoy estoy dispuesto a comerme el mundo, aunque a veces me ponga a dieta. ¿Saben? Estar soltero es chido. Pero -otra vez- ¿quién soy yo para negarle este tipazo al mundo?

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