Como Mayarita, se agradecen los esfuerzos por la gran cocina xalapeña

Mayarita es un lugar único en Xalapa. No solo por la atmósfera, simplemente exquisita, creada por su luz cálida, sus mesas y sillas de madera perfectamente pulida, el bambú que embellece su techo, las tradicionales baldosas en su piso y las enormes piedras de cantera que acarician a sus paredes; sino por su enorme, enorme, calidad: no cualquiera puede darse el lujo de ofrecer una hamburguesa gourmet y, además, hacerlo bien. Su carne de gran estabilidad, con un sabor y textura subidos de tono y, desde luego, con la trazabilidad necesaria, es el resultado de ocho años de trabajo. Es una búsqueda incansable en la que se embarcó Ximena Veras, su propietaria, cuando buscaba un alimento proteico saludable para sus hijas.

Hoy Mayarita se ha situado hasta arriba en la jerarquía de las hamburguesas xalapeñas. Y no es para menos pues, desde que entras al local ubicado en Ávila Camacho 120, tus sentidos, todos, son colmados de placenteras sensaciones. Llegamos a eso de las ocho treinta y elegimos una mesa en la terraza, que por estar afuera no deja de ser elegante y reservada. La atención del mesero es sobresaliente y su carta, por ahora, es digital, por aquello de la pandemia.

Nos sirvieron, como entrada, un hummus casero para ir preparando el paladar. La dinámica para ordenar agrega mucho valor a tu degustación pues ofrece total libertad a los golosos como yo: tú armas tu hamburguesa, eliges un estilo, un sabor y un tipo de pan. Ordené una de queso azul, aderezada con mayonesa cien por ciento casera, cebolla caramelizada, pepino y aguacate. La carne de res orgánica con salsa teriyaki se vuelve el centro de una explosión casi tántrica de sabor. El pan es brutal, es un espiral de color ferroso con una constelación de ajonjolí y delicadas ondulaciones que matizan cada bocado. Unas papas cambray con ajo acompañaron mi delirante movimiento de quijadas y, cómo no, una cerveza artesanal blonde ale que brindó el maridaje perfecto y colaboró al gusto casi petulante de una cena espectacular.

¿Ya se les hizo agua la boca?

Pues viene lo mejor:

Mayarita es la única hamburguesería de la ciudad que ofrece hamburguesa de carne de conejo.

¡Desde luego que la probé!

Solo un bocado, para no abusar.

La carne de conejo criollo con queso azul, especialidad de la casa, es cocinada casi artísticamente. Especiada, delicada, profunda. Ofrece a la hamburguesa una tonalidad única, diferente, algo que nunca había probado. Deja en absoluta evidencia los dos principales ingredientes con los que cocinan en Mayarita: el trabajo duro y el amor por lo que hacen. Se trata de un lugar exquisito donde comerás comida exquisita. Todo orgánico, todo limpio, todo fresco porque, eso sí, cuando comes en Mayarita estás cuidando tu salud.

Ximena se sentó en nuestra mesa para platicar sobre el asunto. ¿De dónde surge la idea de hamburguesas gurment?, le pregunté antes de liquidar el último mordisco. La idea era abrir una oferta de comida de calidad, respondió con su voz clara y profunda, yo soy una persona que cocino y me gusta siempre proponerme a mí misma. Yo veo recetas, las leo pero nunca las sigo al pie de la letra. Siempre que leo algo me pregunto si le puedo meter esto o aquello o no sé qué… en general me salen bien, he cometido muchos errores pero he ido aprendiendo. Después de echar a perder un montón de carne, dijo entre risas, logré generar un método que es mío, que yo generé y que es el que usamos aquí en Mayarita.

¿Se les antoja?

Pues aquí viene la mala noticia:

Les queda solo un mes para disfrutar de esta experiencia de primer nivel.

Mayarita cerrará sus puertas este 14 de febrero. Se despedirá en fecha cabalística y lo hará luego de tres años como restaurante y ocho como concepto. Yo tengo la sensación de que ya cumplí con un ciclo, afirmó Ximena mientras colocaba sus lentes de pasta sobre su cabeza y acomodaba su lago cabello chino. La pandemia no ha sido fácil, continuó, pero no nos podemos quejar. Siento que mi proceso como emprendedora ha llegado hasta este momento en el que no tengo más ganas de seguir pedaleando, quisiera hacer otras cosas.

¿Qué les dirías a tus comensales? Pregunté ya para despedirnos.

Ximena hizo una pausa, nos miró un segundo, contempló las mesas, la cantera, las baldosas, respiró profundamente y respondió:

¿Qué les digo a mis comensales?

Gracias.

Gracias por permitirme mostrarles mi propuesta y lo que yo tengo para dar.

Gracias porque he aprendido muchísimo.

Gracias.

Historia: Daviel Reyes

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