UN MES DEDICADO A LA BIBLIA

“Lámpara es tu palabra para mis pasos” (Sal 119, 105).

Septiembre es conocido en la Iglesia Católica, como el mes de la Biblia entre otras cosas porque el día 30 se celebra la fiesta de San Jerónimo, uno de los cuatro doctores de la Iglesia Latina, padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia Hebrea y Griega al Latín. San Jerónimo fue el autor de la Vulgata Latina.

La Biblia o Palabra de Dios es siempre el fundamento de la acción evangelizadora de la Iglesia y es la que nutre su vida, su doctrina y todas sus acciones pastorales. La Constitución dogmática “Dei Verbum” dice que “la Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo, pues sobre todo en la sagrada liturgia nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo”(D.V. 21).

La Palabra de Dios antes que ser un libro es una persona. Por ello el encuentro con la Palabra de Dios es el encuentro con Jesús vivo. Jesucristo es la Palabra de Dios que se ha revelado para manifestarnos la voluntad de Dios y enseñarnos el camino de la salvación. Por lo tanto, entrar en contacto con la Palabra de Dios es entrar en contacto con Jesucristo que vive en su Iglesia. Conocer y amar la Palabra de Dios, es conocer y amar al mismo Cristo.

Para la Iglesia Católica, la Palabra de Dios está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia; Dios nos habla no solo con la Biblia sino también con la vida. En este sentido Biblia y Tradición de la Iglesia son dos formas que tiene la Palabra de Dios para darnos el mensaje divino. Biblia y Tradición eclesial son como dos expresiones de la misma y única fuente divina que se ha revelado para salvarnos. Dios es la única fuente de la Biblia y de la Tradición.

En este mes de septiembre son muchas las iniciativas que se pueden llevar a cabo para dar realce a la Palabra de Dios, o para buscar que todos la conozcamos mejor y sobre todo para que la Palabra de Dios sea la que inspire nuestras obras y pensamientos.
Ahora que nos encontramos en este tiempo de confinamiento, a través de las plataformas digitales se están ofreciendo múltiples cursos o talleres bíblicos, también está la Lectio Divina, donde junto con el conocimiento del texto sagrado, la persona ora inspirada en la Palabra de Dios.

Este mes de septiembre puede ser una bella ocasión para entronizar la Palabra de Dios en los hogares, es decir colocar la Biblia sobre un pequeño altar en algún lugar de la casa; es recomendable que sea un lugar visible y digno. Esto permitirá que literalmente la Palabra de Dios esté al alcance de todos, que todos en la casa puedan hojearla, y desde luego dedicar un tiempo del día para leer algún párrafo de la misma.

Para leer la Biblia, es bueno comenzar por lo que nos es más conocido. La Biblia fue escrita en un arco aproximado de 10 siglos, por lo mismo han sido muchos los hagiógrafos que han intervenido; literariamente hablando es expresión de una cultura y contiene muchos géneros literarios; en su interior nos encontramos con libros muy interesantes y pasajes difíciles de entender. Conviene introducirse al mundo maravilloso de la Biblia a través de los pasajes más conocidos.

En este mes de septiembre, podemos proponernos leer y meditar al menos uno y si es posible los 4 evangelios para tener una mirada de todo el conjunto; leer además las hermosas cartas de San pablo o las del resto de los apóstoles; más tarde uno podrá incursionar en el mundo del Antiguo Testamento. Para quien dedica poco tiempo a la lectura, también hoy existen versiones auditivas de la Biblia, de modo que mientras se hace algún ejercicio, se camina o se maneja uno puede escuchar y conocer la Palabra de Dios escrita. Lo importante es que el mes de la Biblia no pase sin que nos hayamos acercado más a la Palabra de Dios.

Que la Palabra de Dios que es fuente de vida, nos anime a todos, ilumine nuestro caminar y sea como una luz que nos guie en estos tiempos de obscuridad donde la muerte ha llevado luto a muchos hogares. Que la Palabra de Dios nos acompañe, nos fortalezca y nos transforme.

Pbro. José Manuel Suazo Reyes

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