VIOLENCIAS: ABUSO SEXUAL INFANTIL Y DISCRIMINACIÓN

Por Psic. José Manuel Ramírez

Hace 30 años, en el centro de Veracruz, un pequeño pueblo costero llamado: “El Diamante”, municipio de Vega de Alatorre me escucho latir por primera vez. Nací en medio de una familia pobre, que a la par vivía en un lugar en el que la gente sobrevive generando su propio trabajo pescando, matando cerdos, trabajando como jornaleros bajo el sol quemante, aún viven en mi mente el recuerdo de las mujeres vendiendo tamales o comida al pie de carretera, con dos o tres de sus hijos o hijas a su lado

Tengo 6 grandes hermanos, nunca conocí a mi padre biológico, pero tuve la fortuna de tener a mi lado a muchas mujeres que han acompañado mi vida, una de ellas es Columba, mi bisabuela, mi negra preciosa que me daba un beso y me decía “te quiero, te quiero chamaco cabron”, ahora ella vive solo en mi recuerdo y en el polvo que sus besos dejaron en mis mejillas. Otra grande es mi abuela toña, mujer sobreviviente a la violencia, al puño cerrado de los hombres, al puño duro de una sociedad machista. Y en este rumbo de la mujer, cómo no mencionar a mi madre, esa mujer hermosa, sobreviviente de terribles historias de violencias, aun me recuerdo corriendo a su lado, por el campo en la madrugada con la luna llena, huyendo de su pareja, ese ser lleno de ebriedad y locura, envuelto ya con puños para golpear a mi madre. Hoy esa noche aún vive en mi mente y pienso en el dolor y la valentía de mi madre guiada bajo la luz de la luna llena que jamás olvidaré.

Se dice que la pobreza vive solo en lo material, pero no es así, el alma y el espíritu puede llegar a hundirse en el más cruel vacío y ese es mi pueblo en donde no hay oportunidades laborales, es ese lugar de donde todo mundo quiere irse la mayoría de “mojados” por el “sueño americano” y se van también huyendo quizá de historias similares a la mía, o huyendo del alcoholismo tan popularizado y normalizado en los hombres, huyendo del sufrimiento, de la pobreza, de la violencia.

Yo también quería huir, pero mi historia me persiguió siempre y hoy es el día en el que decido dejar de huir y dar voz a ese silencio que se ha perpetuado en mí. Por eso hoy digo con la voz en alto para que el mundo escuche que a mis ocho años abusaron sexualmente de mí, recuerdo mi asco y mi tristeza, también recuerdo que durante 7 días mi ano sangraba, mientras yo pensaba que moriría, y mi única solución ante el dolor era bañarme una y otra vez de manera compulsiva, después…. todo un mes nade por horas en un rio, queriendo que el agua lavara esos días, me sentía sucio y avergonzado.

En esos días, envuelto en el dolor y la pena pensaba que las vidas de niños y jóvenes parecían felices, hoy creo que solo fue mi ilusión para no morir. Con gran dificultad muchos estudiamos primaria, unos se quedaron en la secundaria, de mi generación fui el único en aferrarse a la Universidad.

Las violencias no existen, son formas de vida, las agresiones sexuales de ese pueblo son un tabú y la educación queda en tercer o cuarto plano. Todas y todos intentan apenas sobrevivir, y hoy al voltear y ver a quienes me acompañaron en la escuela encuentro a compañeras con muchos hijos repitiendo los mismos patrones, encuentro a mis compañeros de la primaria acribillados por la delincuencia organizada o capturados por los policías por delitos ligados al narcotráfico, secuestro entre otros.

Y todo esto lo declaro como una muestra del amor incondicional que me doy en este momento, reverencio este mes del orgullo gay a nivel internacional, visibilizando que las infancias y las juventudes vivimos violencias diferencias, por eso abrazo mi ser maricon sobreviviente a un pueblo de magia e infierno. Quiero saberme un puto, con estudios profesionales, quiero saberme un joto sobreviviente que lucha cada día por ser feliz.

Mi lucha es llevar esperanza a través de esta historia a las generaciones que se encuentran en batalla, no solo a quienes nos asumimos como juventudes LGBTTTIQ+. También a los padres y madres a quienes les digo que sus hijos e hijas merecen vivir sin violencia, que no deberían preocuparse por sobrevivir, deberían solo ser felices. Ojalá cumpla mi objetivo, sé que no soy el único de esta resistencia, hay muchos y muchas ahí afuera.

!Soy un marica que jamás volverá a sentir vergüenza!, soy un marica que resistirá y morirá en la lucha.

Esta redacción la dedico a la mujer más poderosa y congruente cuando de defensa de los derechos humanos hablamos, la Doctora Patricia Ponce Jiménez, Investigadora del Ciesas –Golfo, quien ha dedicado gran parte de su lucha al tema del VIH/sida en Veracruz, México y Latinoamérica. Inspirado en el conocimiento y congruencia de la Maestra Silvia Susana Jácome, una de las mujeres más importantes en la defensa de los derechos humanos de la comunidad LGBTTTIQ+ en Veracruz, y en honor a las vidas que han sido arrebatadas por homofobia, lesbofobia, transfobia en Veracruz.

Agradezco a la Psic. Mara Azulay Atanasio por intervención de sobre la estética del texto.

Así mismo aclarar que mi intención al utilizar los términos “marica”, “puto”, “joto”, etc; son una propuesta reformulando a Judith Butler de subvertir las narrativas utilizadas históricamente para denigrar a la comunidad gay y poder trasformar las realidades a través del lenguaje.

José Manuel Ramírez Osorio, Maestrante en Psicología Jurídica y Criminología, por el Instituto Universitario de Puebla. Lic. en Psicología. Perito Forense Especializado en acompañamiento psicológico a niños, niñas y adolescentes en contextos de violencia por la Unifec. Policía de prevención social de las violencias en la Secretaría de Seguridad Pública del Estado. Docente en el Centro de Estudios e investigación en Seguridad de Veracruz.

En materia de Diversidad Sexual asesoró técnicamente en la elaboración del Protocolo LGBT policíal del Estado, realiza acompañamiento psicológico a personas con VIH/SIDA y diversas sexualmente y realiza un activismo en la defensa de las personas LGBTTTIQ+🏳️‍🌈 en Veracruz.

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