Recuerda el IVEC al destacado artista veracruzano Isidoro Ocampo, a 110 años de su nacimiento

El Instituto Veracruzano de la Cultura recuerda a Isidoro Ocampo (1910-1983), quien figura como uno de los creadores más destacados de la estampa mexicana del siglo XX, que formó parte de algunos de los gremios artísticos e intelectuales más relevantes de su tiempo.

Nacido en la ciudad y puerto de Veracruz el 20 de junio de 1910, Ocampo procuró en su obra una singular veta expresionista. Cultivó por igual las técnicas tradicionales del arte gráfico y la pintura o el dibujo, y destacó como un prolífico ilustrador de ediciones. Su imaginario es hoy un valioso testimonio de los contradictorios procesos de modernización y del tránsito histórico que marcaron el siglo XX mexicano.

Isidoro Ocampo es uno de los artistas veracruzanos más destacados del siglo pasado que figuró entre aquellas generaciones de creadores que, hacia finales de los años veinte y en las dos décadas sucesivas, marcaron las pautas de renovación artística enarboladas por las nuevas corrientes intelectuales y las emergentes políticas culturales de los regímenes posrevolucionarios.

En este contexto, Ocampo y otros destacados colegas se alinearon a las políticas e ideario del general Lázaro Cárdenas y fueron firmes militantes de las causas progresistas de la izquierda, en abierta oposición al fascismo y el nazismo. De ahí que Ocampo, junto a otros representativos autores, se integró a la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios y al emblemático Taller de Gráfica Popular, aportando su creación al diseño de carteles, hojas volantes y ediciones donde cobran protagonismo sus ilustraciones, realizadas a partir de dibujos, grabados en madera, linóleo o metal y litografías.

Sin embargo, Ocampo no sólo se insertó en las estrategias visuales de la propaganda. Conmovido por las vertiginosas transformaciones sociales de su época, buena parte de su obra -marcada por un singular valor expresionista y mordaz espíritu crítico- es elocuente en cuanto a la representación de la vida cotidiana estigmatizada por los contradictorios símbolos de la modernización: vehículos motorizados en transitadas calles, escenas urbanas y nocturnas en cines y cabarets, espacios concurridos como parques y fondas populares, escenarios donde conviven la opulencia y la miseria, la prostitución, pepenadores, perros callejeros y parias, al lado de las figuras caricaturizadas de las clases privilegiadas.

Desde sus obras tempranas próximas a los imaginarios de las Vanguardias, estas temáticas fueron recurrentes a lo largo de su carrera y quedaron plasmadas lo mismo en el blanco y negro de sus aguafuertes, aguatintas, puntas secas, linoleografías, xilografías y litografías, que en sus coloridos trazos de crayón, óleo y temple.

Formado en la Academia de San Carlos, Isidoro Ocampo fue instruido por célebres maestros del arte gráfico, como Emilio Amero, Carlos Alvarado Lang y Francisco Díaz de León, para detonar una prolífica carrera inscrita en esa disciplina, la cual abarcó también una misión como docente en instituciones educativas dependientes de la SEP y en la misma Academia donde se formó como artista.

Cuenta también su inscripción y participación activa en otros gremios artísticos de gran relevancia histórica, como la Sociedad Mexicana de Grabadores y el Salón de la Plástica Mexicana. Su obra fue incluida en importantes exposiciones presentadas en México y el extranjero, y mereció las salas de exhibición del Palacio de Bellas Artes, donde se presentó una memorable muestra individual realizada en 1973.

Notable también fue su carrera como ilustrador a partir de sus aprendizajes en el Taller Artes del Libro, antecedente de la Escuela Nacional de Artes Gráficas. Fue en esta línea que diseñó viñetas y realizó ilustraciones para importantes obras editoriales y publicaciones de varias instituciones del Estado.

En distintas etapas de la producción de Ocampo se distinguen otras afinidades temáticas de índole festiva: máscaras, escenas de circo, carnaval y tauromaquia se despliegan en un universo colorido sobre lienzos y papeles. En esta última línea iconográfica destaca En el callejón, una obra al pastel fechada en 1961 que hace alusión a la fiesta taurina y forma parte del acervo del Museo de Arte del Estado de Veracruz.

La conmemoración de la vida y obra de este notable artista trae a la memoria su exposición individual Isidoro Ocampo, artista y testigo del México posrevolucionario, celebrada en 2015 en el Ex Convento Betlehemita Centro Cultural, en colaboración con el INBAL. De esta alianza se derivó también el catálogo monográfico homónimo, editado por el IVEC y el Museo Nacional de la Estampa.

Rendimos homenaje este 20 de junio a Isidoro Ocampo, un creador ejemplar, cuya obra se erige como testimonio crítico y estético del acontecer político y social de su tiempo.

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