La pequeña gran biblioteca de todos

Decía García Márquez que “el escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar”. Yo me suelo preguntar cómo revelar la dinámica de nuestras ciudades a través de la lectura y de su gente. Cómo saber cuánto lee la gente y qué gente es la que lee. La verdad de las cosas es que hoy en día vivimos corriendo, sube, baja, autobús, retraso, semáforo, tráfico, estrés. ¿A qué hora le vamos a enseñar a nuestros niños a leer si nosotros mismos a vece no tenemos tiempo de hacerlo?, ¿cómo vamos a comprar libros si cada vez son más caros? Estas preguntas seguramente han rondado la cabeza de muchas personas que, como todos nosotros, viven apurados en el trajín económico, urbano y laboral de nuestra ciudad.

En medio de fachadas añejas y coloridas, la Sexta de Juárez –una de las calles más emblemáticas de Xalapa– alberga un pequeño gran oasis para la lectura. Yuyi Morales, escritora xalapeña que radicó muchos años en California, intenta dar solución a los problemas antes planteados. De cándida mirada y con una fastuosa sonrisa, Morales ofrece a los transeúntes xalapeños una oportunidad rara y única en estos días: una biblioteca pública gratis y libre.

La pequeña gran biblioteca de todos es un pequeño aparador hecho con madera reciclada en la fachada de la casa de Yuyi, puertas de cristal siempre abiertas, un jardín en miniatura en la parte superior ofrece una metáfora verde que se contrapone al gris de la ciudad. La dinámica consiste en que cualquiera que pase frente a ella puede tomar un libro, cualquiera puede dejar uno, dice Yuyi: “si te enamoró el libro esa es aún más razón para regresarlo, y permitirle a alguien más que viva esa experiencia.” El flujo de libros, afirma Yuyi, es sumamente variable: “habrá días en que haya muchos, habrá otros en que no tanto”, depende mucho de la participación de la gente.

Las personas pasan y voltean, ven el decorado, los colores, las formas, las texturas. Miran los libros a través del cristal o de las puertas abiertas; se muestran un tanto escépticos, desconfiados, poco a poco se detienen. Un pareja se acerca, abren las puertas, toman un libro, lo hojean. Buscan el precio, buscan al encargado, de repente se topan con la leyenda “toma un libro, deja un libro”, comentan algo entre ellos, sonríen y dejan el libro. Tal vez luego regresen. Tomará tiempo que la sociedad se acostumbre a cosas que no se cobran.

La iniciativa de Yuyi reside en dos ideas fundamentales; por un lado fomentar la lectura en la gente, resistir el abandono al que los libros se enfrentan, afirma: “la idea es que si no hay tiempo para un libro en tu día, pues cuando pases por aquí puedas tomar uno, y se vaya metiendo como un gusanito. La biblioteca está abierta a todas horas, así que si te entra la urgencia a las cinco de la mañana, a las dos de la tarde, después de comer, pues adelante.”

Por otro lado, la idea es mucho más kármica, volver a confiar en la gente, brindar un servicio sin cobrar, sólo por el simple hecho de hacer algo bueno por un desconocido. Yuyi no es dueña de La pequeña gran biblioteca de todos; “estos libros ni siquiera son míos, estos libros son de todos, y las personas cuidan sus cosas, así que si todos traemos libros acá, todos los vamos a cuidar; y si en algún momento algo pasa pues recogeremos los pedazos y la volveremos a poner.” La sonrisa en su rostro es armónica y contagiosa. Creo que se debe al éxito del proyecto que lleva en funcionamiento apenas un par de semanas.

Si usted tiene un libro que quiera compartir con la gente, estimado lector, pásele al 257 de la Sexta de Juárez, a cualquier hora, y déjelo. Aproveche y tome uno y, sobre todo, corra la voz.

Daviel Reyes

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