COVID-19, la felicidad no es posible en soledad

Investigador reflexiona sobre la vulnerabilidad de la existencia

México/Notimex. En el marco de la emergencia sanitaria que mantiene en sus casas a gran parte de la población mundial, en las últimas semanas se ha generado una explosión de diversos contenidos desde las humanidades hasta las ciencias sociales que tratan de hacer un diagnóstico de lo que significa la crisis detonada por el COVID-19, informó el investigador José Rafael Mondragón Velázquez.
      —Sin embargo, hay una atención menor o relativamente menor respecto en la manera en que nuestras subjetividades, nuestros miedos y nuestros deseos juegan en esta emergencia social. Lo que yo he visto es más explicaciones abstractas—, expuso en entrevista con Notimex el también doctor en letras y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
      Comentó que esta situación vinculada con los sujetos, con los miedos y con los deseos es importante conocerla, porque ayuda a entender el clima de cansancio, de desgaste que va de la mano del esfuerzo social que las autoridades están pidiendo y que implica resguardarse en casa.
      Indicó que «tengo la sensación que más que explicaciones, lo que hay es más un agotamiento alrededor de una sobreproducción de discursos que giran sobre la pandemia; he visto cansancio y una cierta dificultad para hablar sobre nuestras propias debilidades y nuestra propia vulnerabilidad. Esto es lo que el virus nos ha traído de vuelta, lo que ha puesto frente a nuestros ojos».
      Mondragón Velázquez dijo que le preocupa observar el contexto que estamos viviendo no sólo en México, sino en otros países, cómo a la emergencia sanitaria “ha seguido una hiperproducción de contenidos para vivir la crisis en estado ´normal´; cuando lo que ocurre es que no hay nada de malo en asumir que no estamos en una situación de normalidad”.
      Explicó que “las crisis a veces son necesarias porque son el punto de partida para la ´desnormalización´ de aquello inhumano que ya existía desde antes de la crisis. Es decir, reconocer el estado de vulnerabilidad que no es propio de las crisis, sino que es constitutivo de todos los seres humanos, aunque se vea de manera más clara ante el peligro”.

La cárcel de nuestras certezas

Así, para el investigador que ha publicado diversos estudios sobre el pensamiento crítico latinoamericano de los siglos XIX y XX, el estado de vulnerabilidad “tiene que ver con el hecho existencial de estar todo el tiempo incompletos, todo el tiempo necesitados; con el hecho de que nadie puede solo ante los grandes problemas de la vida”.
      Ello se debe a que “estamos necesitados unos de otros; y eso, también tiene que ver con ese ideal de autonomía en el que nos han educado en las sociedades occidentales. Ese es un ideal limitado, yo creo que esta situación de crisis por el COVID-19 nos ha regresado, brutalmente, a esta experiencia de que la felicidad no es posible en soledad”.
      Reflexionó en que frente a la explosión de contenidos digitales, que parecen dirigirse al mismo tiempo a todos y a ninguno, lo que ha visto, y que resulta en estos contextos mucho más útil, son las reuniones entre personas.
      —Yo en estos días me he estado dedicando espacios de encuentro, persona a persona, que se desarrollan en el ámbito de lo íntimo y vuelven a tejer la relación social que quedó desarmada por el terror de la muerte; espacio donde se vuelve posible no sólo compartir los miedos y las alegrías, también practicar la paciencia y la escucha—, refirió.
      Mencionó que “tengo un círculo de lectura donde estamos leyendo el Decamerón, de Boccaccio, que se escribió tras la experiencia de la peste que asoló a Italia; otro libro es el Tao Te King, de Lao-Tse, que invita a pensar una forma de sabiduría que está relacionada con la vulnerabilidad y con la capacidad de ayudar”.
      De esta manera, ante la emergencia sanitaria y descontrol social por el COVID-19, el académico concluyó: “así como es necesaria la filosofía, como son necesarios los diagnósticos sociológicos, como son necesarios los diagnósticos económicos, también es necesaria la imaginación, porque permite abrir esta realidad a otras realidades posibles, nos ayuda a abrirnos hacia lo inesperado, a descubrir fuerzas que se tenían ocultas y, sobre todo, nos libera de la cárcel de nuestras certezas”.

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