Marchantas no pueden dejar de laborar ante pandemia

Juan David Castilla. Doña Oliva de la Luz Marín viaja todos los días de Otilpan, una comunidad del municipio de San Andrés Tlalnelhuayocan, al centro de Xalapa.

Coloca un pequeño puesto sobre la calle Poeta Jesús Díaz para vender gorditas, tortillas, nopales y otros productos.

La marchanta, de unos 65 años, no puede dejar de trabajar por la pandemia mundial del coronavirus.

Aunque las autoridades recomienden que la gente se resguarde del 20 de marzo al 20 de abril, para evitar la propagación del virus, ella seguirá en las calles.

“Me dedico a hacer tortillas y gorditas, porque no tengo de qué vivir, mas que de mi trabajo”.
Su hija y sus dos nietos dependen económicamente de ella.

Viven al día, con las pocas ganancias que tiene doña Oliva. Durante 40 años, la señora ha laborado como vendedora informal en dicha zona de la ciudad.

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