Tosca

Daviel Reyes/Xalapa. Enrique Patrón de Rueda es –sin temor a equivocarme– el mejor director de ópera de México. Dirigió a la Compañía Nacional de Ópera de 1984 a 1986 y su batuta ha cautivado en países como Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, e Inglaterra. Su última presentación con la Orquesta Sinfónica de Xalapa fue –para que se den un quemón– en diciembre de 2016 con el concierto Susana Zabaleta. Hoy vuelve a Xalapa y –no podía ser mejor– nos regalará dos funciones de la ópera Tosca, de Giacomo Puccini, en su versión de concierto; pieza que, por cierto, es la primera presentación operística del año para la OSX.

La rueda de prensa reunió al maestro Patrón de Rueda y a tres de los solistas más importantes: María Katzarava (soprano), César Delgado (Tenor) y Óscar Velázquez (barítono). Yo –como siempre– me mantuve alejado del grueso de los compañeros de prensa para ver mejor. La Sala Taqná vacía es casi tan bonita como cuando está llena; sus detalles se aprecian mejor, los matices de sus sonidos son más manifiestos. Fotos, aplausos y alguna que otra pregunta –lo de siempre–. Lo destacable fue la emoción de los jóvenes cantantes. Sonrientes y ufanos atendieron a los reporteros y hasta bromearon sobre su edad. Todos estuvieron de acuerdo –eso sí– en que es un honor ser dirigidos por Patrón de Rueda. César Delgado, aparentemente el más joven de ellos, se mostró sumamente orgulloso de presentarse en Xalapa y calificó a nuestra orquesta como un Mustang: una máquina musical potentísima, envidiable, inmejorable.

Al finalizar la conferencia me dirigí a tras bambalinas donde pude platicar brevemente con el maestro Enrique. Hombre alto, muy alto, de cabello cano, mirada amable y voz profunda; me saludó con un firme apretón de manos. Le pregunté por la pieza. ¿A qué suena Tosca musical y narrativamente? Van juntas la historia y la música, me respondió efusivo, la narrativa de Puccini es realmente impresionante, todo va de acuerdo con el texto y la música siempre va in crescendo. Es romántico, apasionado, a veces hasta diabólico. Entonces la gente va a vivir un cúmulo de emociones, va a ser una situación memorable. 

Hace un rato dijo que Puccini es un terrorista emocional, pregunté mientras me percataba de que los solistas salían a prisa por detrás de nosotros. Así es, sabe exactamente dónde poner un acorde para emocionarte, señaló mientras juntaba sus dedos índice y pulgar para subrayar la sutileza del compositor italiano. Por otro lado, maestro, ¿cómo es coordinar a tanto talento, tanta gente para montar una obra de este tamaño? ¡Es un reto! Replicó al tiempo que se dibujaba en su rostro una sonrisa que no podía ser más que de satisfacción. Es un trabajo muy bello, continuó, es una actividad que me llena de gozo y de energía, y cuando las cosas salen muy bien digo gracias, Dios mío, porque me diste la oportunidad de hacer eso que amo tanto.

Cambié de tema, sabía que sería mi última pregunta pues noté que todo el staff de la OSX comenzaba a correr y la prisa se sentía. Pregunté por la necesidad de escuchar más ópera en nuestra ciudad. Pues a través de este medio, dijo con formalidad, quiero invitar a las autoridades a que ya se institucionalice una pequeña temporada, dos títulos al año o tres, pero que siempre haya una actividad operística. 

No había tiempo para más, le agradecí. Me extendió un apretón de manos igual de sólido que el inicial y salió por uno los pasillos. Yo regresé a la sala solo para contemplarla vacía. Qué bonita es. Me retiré contento por haber platicado con el mejor director de ópera que tiene nuestro país. No dejen de asistir este viernes 13 a las 20:30 y el sábado 14 a las 19:00 en la sala principal de Tlaqná, centro cultural. 

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