8M día histórico en Xalapa

Penélope Zavala/ Xalapa. El ocho de marzo es un día histórico. Conmemora esa fecha donde, en 1975, trabajadoras de una fábrica de textiles decidieron salir a las calles de Nueva York a protestar por malas condiciones laborales y exigir un recorte del horario, así como el fin del trabajo infantil, palabras más palabras menos, fue de las primeras manifestaciones para luchar por sus derechos. 

Ayer, 45 años después, en esa misma fecha, miles de mujeres al rededor del mundo salieron a las calles para luchar en contra de la desigualdad de género, la cultura machista, la misógina y, especialmente en México, contra los numerosos feminicidios ocurridos a lo largo del país. Xalapa, capital del estad de Veracruz (considerado primer lugar nacional en feminicidios) no fue la excepción. A través de diversas redes sociales se convocó a todas las mujeres habitantes de esta región a reunirse en el Teatro del Estado antes de las tres de la tarde para protestar pacíficamente en contra de diversas problemáticas.

En punto de las dos treinta la tarde era fría y con augurio de lluvia. Arribé al Teatro del Estado donde un cúmulo de más de mil mujeres ya se encontraban listas para hacer historia. Diferentes edades, diferentes rostros, cada uno con diferentes razones; la mayoría vestían de negro, de cabeza a pies, algunas contadas sin ropa en la parte superior, utilizando pañuelos en el cuello, o en las muñecas, apuntándose números de emergencia y tipo de sangre en el antebrazo. Algunas venían en familia, otras con  amistades. Todas atentas escuchando a la líder contingente, aquella encapuchada de voz estridente, amplificada por megáfono y portando siempre una bandera verde. La batucada tamborileaba ritmos que acompañaban los cánticos de protesta, algunos carteles estaban siendo elaborados al momento; en el piso o paredes cercanas al monumento del general De la Llave. 

Fue a las dos cincuenta cuando se empezaron a dividir en “contingentes” (grupos seccionados de acuerdo al propósito por el que marchaban), empezando con madres acompañadas de niñas (y algunos niños) menores de doce años, seguidos por familiares de desaparecidos y víctimas de feminicidio, para después dar paso a la bazucada, al contingente separatista y, por último a las instituciones. Se cerró el paso a los autos y la policía detuvo la circulación, para que en punto de las tres pm se comenzara con el recorrido. Lágrimas empezaban a ser derramadas pero las voces no flaquearon en ningún minuto, ni los ojos dejaron de ver al frente, con determinación bien cargada. Todas gritaban a tiempo y agitaban las pancartas, alzando al cielo flores o sosteniendo velas blancas. Caminé detrás de ellas muchas cuadras, un mensaje estridente se coreaba en el grupo: “Señor, señora, no sea indiferente, se matan a mujeres en la cara de la gente”, algunos en la banqueta volteaban a vernos, hacían caso omiso o desviaban la mirada. Otros se detenían y gritaban con emoción desbordada. Así pasaron las cuadras, con diferentes consignas: algunas sobre el aborto y la deconstrucción del sistema, otras sobre la vida, el respeto al caminar de noche, o que América será toda feminista.

Al pasar por la escuela Motolinia, se plasmó en las paredes que la “educación debe ser laica”. Al llegar al Monumento a la Madre, se le decoró con un pañuelo verde, se salto al ritmo de “quien no salte es un macho” y se alzaron todos los puños, en señal de apoyo. Un padre que pasaba con su hija se unió a los saltos y entonó con el movimiento muchos de los cantos; cargando a la niña que saludaba con la mano. 

Momento muy significativo fue el que ocurrió al llegar al Diario de Xalapa, pues todas las mujeres guardaron silencio y le dieron la espalda, alzando los puños y cerrando los ojos, en honor a quienes ya no se encuentran entre nosotros; todo esto mientras pintaban las paredes y quemaban paquetes de diarios, “prensa machista que lucra con nuestros asesinatos” se leía en el callejón aledaño. 

El Parque Juárez estaba abarrotado, decenas de civiles apreciaban lo logrado, al llegar al túnel este fue decorado con diversos nombres de acosadores y feminicidas. Apresuré el paso y alcancé el inicio, donde estaba siendo pintado el Expiatorio del Beaterio y un individuo con pañuelo azul expresaba sus ideas contrarias al movimiento. Sus acciones bruscas y palabras enojaron a un cúmulo de mujeres que decidieron confrontarle, llegando incluso a los golpes.

A las cuatro y media, a las puertas del palacio, frente a la plaza Lerdo, los contingentes  cantaron al gobierno, instando la presencia del gobernado, la cual por más que fue exigida, brillo por su ausencia. Se escucharon historias de mujeres violentadas, de muertas, desaparecidas, violadas o insultadas, se expresó apoyo y sororidad, unión y fuerza, a pesar de la lluvia que era un poco molesta. Todo finalizó a razón de las seis de la tarde, entre abrazos, despedidas, sonrisas y esperanza, de que esta situación pronto llegue a su fin

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