Adiós, vaquero

Daviel Reyes/Xalapa. A su toma de protesta llegó con mariachi y cantó –desafinado– como si estuviera en el Tenampa y no en el Congreso del Estado. Con exceso de cinismo dijo ser pueblo; aunque poco después, en junio de 2019, hizo una rabieta porque prohibieron a sus escoltas –sus muchachos, como se refirió a ellos– entrar armados al recinto legislativo. Dijo que no confiaba en la seguridad de Veracruz y que por eso traía la suya –dudo mucho que el pueblo tenga escoltas armados a su disposición–. Durante su gestión como diputado se caracterizó por el vituperio, por lo folclórico y, hay que decirlo, por su marcada ignorancia –aunque no es el único–. Cambió varias veces de bancada y mostró siempre una arrogancia y desprecio por las instituciones y el cargo que ostentaba. 

Su disparate más grande ocurrió el 29 de diciembre de 2019 cuando en un arranque de insensatez, soberbia y, una vez más hay que decirlo, una enorme ignorancia; se presentó en el Centro Médico de Alto Lucero y ordenó, a gritos, que le entregaran el cuerpo de un campesino que había fallecido horas antes en un accidente vial. Haciendo gala de su educación y finura, afirmó que a la Fiscal se la come en tacos y le pidió, durante una llamada telefónica, que recordara quién le pagaba; para llamarla idiota e hija de su puta madre al finalizar la comunicación –al menos debió tener el valor de decírselo en su cara–. 

Ayer, con 35 votos a favor, el Pleno del Congreso del Estado desaforó a este triste y pobremente célebre personaje. Erik Aguilar López ya no es más diputado local y eso parecería representar un avance en la impartición de justicia de nuestro estado –lo será si se le lleva a juicio y se le finca responsabilidad–. 

Pero el exdiputado concluyó su paso por los anales del Palacio Legislativo veracruzano de manera tan cómica como lo empezó pues, a su salida, corrió como solo corren los que nada temen, los que están seguros de su inocencia. Se refugió en la oficina de la diputada Josefina Gamboa y, dicen los colegas de la fuente del Congreso, escapó por un ventanal para después abordar una lujosa camioneta que lo llevaría a Dios sabe dónde. Lástima, me hubiera encantado escucharlo cantar otra vez.

Lo que resta es esperar. Por un lado a que la justicia estatal demuestre que esto no fue una simple jugada política. Por el otro a que nunca más elijamos a personajes tan abyectos y majaderos como el ahora exdiputado Erik Aguilar. Es en serio, lástima que no cantó una de despedida; la tonadita de Adiós, vaquero hubiera estado bien.

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